Infinite Menus, Copyright 2006, OpenCube Inc. All Rights Reserved.
 
Última hora y titulares:
 
 
Castellano, en Galicia es un idioma sin papeles [Leer +]
 
Usuario:
Contraseña:
¿No estás Registrado...?
REGÍSTRATE ahora con un click AQUÍ
 
Enquisa de hoxe


ÿHa leíído algún libro en Idioma Galego?










 

Páginas: 1 2 3 4 5

Absenta y Azucarillos

Absenta y Azucarillos (grande)

Formaba parte simétrica y esencial en la sucesión de todas las estaciones, aunque algunas veces olvidase que existía por no verla.
Llegaba y se iba, sin puertas ni ventanas, sin guión ni hoja de ruta que encarcelaran su viaje infinito, con escasa prudencia y gravedad cero en palabras y hechos; un poco atónita -o incluso perpleja- de si misma, sobreactuando para disimular que ya no era joven ni niña, ni pobre ni honrada, ni alta ni baja, ni loca ni cuerda.
Llegué a pensar que escapaba a toda comprensión cronológica porque, inevitablemente, caía como una lluvia de esas que te dejan calado hasta los huesos aunque nunca mojen más allá de lo suficiente.
Y había veces que rompía a llorar como si estuviera riéndose; otras, sorprendentemente, entornaba los ojos y bajaba los brazos, intentando explicar la mística existencial de su "buena mala suerte".
Se asomaba a mi vida de cuando en cuando y siempre era una sorpresa; pero no pasaba día que la viera y no me preguntase: "para recordar la memoria de quienes se fueron, ¿hacemos las once, Señorito?"
- ¿Y como las "hacemos"?
- Con pan blanco, Señorito... con aceitunas negras y sardinas en conserva... con chocolate de almendras y pan de azúcar... con un vasito de vino para usted y la botella llena para calmar esta desdichada sed que nace de mis pecados secretos y vive en mis públicas penas...
- Haremos las once si me cuentas un trocito de tu historia.
- No la entendería, Señorito... aunque se la repita mil veces.
- Ponme a prueba
- Le diré mis nombres y usted tendrá que desvelar el secreto.
Con impaciencia, entre vaso y vaso de vino, devoraba el pan blanco y las sardinas en conserva; mientras guardaba en sus bolsillos el chocolate, el pan de azúcar y las aceitunas negras. Al terminar, me miraba fijamente y musitaba: "tiene que perdonarme, Señorito, no recuerdo mi nombre con la panza llena; pero no se preocupe usted, que yo sé que lo tengo"
Y se hacía dueña del camino para alejarse, una vez más, en su eterno regreso.
Pero me inspiraba, me hacía salir de mis visibles naufragios en los invisibles silencios del agua, nadar hacia la superficie con la esperanza intacta de que la luna estuviese allí esperándome para, juntos y a la vez separados, escribir con pequeñas letras lo grande que es la vida y lo mucho que queda cuando nada, de lo que realmente importa, se va y todo sigue ahí... discretamente vivo y sólo en apariencia muerto.
- ¿Soy un poema?
- No, eres poesía...
- ¿Por qué?
- Un poema es tan sólo una composición en verso; la poesía es como el abrazo de todas las manifestaciones de la belleza o del sentimiento, un abrazo que puede darse en silencio, con una mirada, por medio de la palabra, en prosa o en verso...
- Quiero ser tu poesía; recítame...
- No sé si sabré
- ¡Recítame!, me iré de todos modos... pero dejaré que me recuerdes...
-
La luz termina donde acaban tus ojos,
  en el justo momento en el que los cierras
  o no los abres...
              Y no hay más luz
  que la luz que aún no ha nacido
  o que no ha muerto en espirales
  de distancia;
  que no va ni viene, que ni llega
  ni se aleja,
  que no me encuentra cuando estoy
  ni cuando espero.
  ¡Que no!,
  ¡que no deseo más luz
         que la luz tuya
               en mis pupilas!
- Me gusta que me mientas porque, con cada una de ellas, pones a prueba mi fe y así puedo creer que son ciertas tus mentiras. No me importa, uniré los míos a todos los demás para que sea inmenso el océano de silencios que te esperan, cada tarde... cada noche... cada día... ¿Harás tu lo mismo?
- No lo sé... tal vez... es posible...
- Regálame una despedida que sea tan alegre como triste, que me robe la mirada y el latido...
-
Todo sigue exactamente igual:
   termina la luz donde tus ojos acaban...
            Y ya no hay más luz,
   toda la que existe
   te la llevas contigo...
Se sucedieron los años y, en alguno de ellos que ya no recuerdo, dejé de verla; mentiría si dijese que no la eché de menos o que un mínimo recuerdo de ella visitó mi corazón o mi mente. Un anochecer descubrí en el desván de mi casa un par de viejas botas viejas, que había abandonado allí hacía muchos años. El paso del tiempo había logrado que creciesen pequeñas plantas en su interior y, aferrándose a la retorcida suela, unas hileras de musgo me recordaban que había exiliado ese par de viejas botas viejas a ese lugar sombrío donde, aunque nunca lo confiese, uno guarda las cosas inútiles o aquellas otras cuyo recuerdo le apetece recordar sólo algunas veces.
Asociarlas con "hacer las once" resultó un acto tan instintivo como instantáneo. Las bajé del desván y las senté a la mesa, juntos bebimos vino y comimos pan blanco, sardinas en conserva y aceitunas negras...
Comprendí entonces el secreto de los mil nombres del silencio, los descifré uno a uno, reconstruí su historia, entendí y amé esa rebeldía que les convierte en lluvia cuando regresan sin haberse ido o deciden irse para volver.
Resultaron ser delicada y dulcemente efervescentes, azucarillos y absenta, capaces de diluirse y de existir sin ser...

© Xabier González 2009 - "Absenta y Azucarillos"

Páginas: 1 2 3 4 5