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Castellano, en Galicia es un idioma sin papeles

Teño Dereito a falar Galego (grande)

La Ínsula Barataria nos recordó mucho a la apática y desilusionada Gallaecia Regnum que sobrevive desde los tiempos de siempre hasta los de "agora mesmo"; esa Galicia institucional que voluntariamente renuncia a ser genuina para aferrarse a la cobarde  vocación de espejo, sin lograr ir más allá de ser la versión actualizada de ese País de Nunca Jamás que se tenían montado Peter Pan Touriño y Campanilla Quintana, y ahora perpetúa Garfio Núñez Feijoo.

Somos, conformamos y coexistimos en un lugar -no se sabe muy bien si Reino, Nacionalidad, Región, Nación o el Corral de la Pacheca- bajo las estrellas,  que resulta tan concreto como un tal vez y tan exacto como un quizás, sin que el tal vez o el quizás vayan más allá de un posiblemente. Desubicados políticamente, deslocalizados industrial y económicamente, desarmados y cautivos idiomática y culturalmente, negros de mareas negras y ceniza de incendios, casi apátridas cuando emigramos porque somos lo que no nos sentimos y nos sentimos lo que no nos dejan ser; y, lo más grave, sin mucha más esperanza que sobrevivir porque, a fin de cuentas, somos víctimas inocentes del desnorte total de una generación de políticos e intelectuales de medio pelo y estómago agradecido que, cumpliendo el cometido para el que les pagan, ni hacen ni dejan, ni saben ni permiten saber.

Galicia lleva décadas caminando por un alambre tendido sobre el precipicio, sin red que la proteja y con la única precaria estabilidad que aporta la paciencia de Galegas y Galegos; pero empieza a estar tan peligrosamente exhausta que vuelve a parir a sus hijos con un billete abierto hacia la deslocalización bajo el brazo y la convicción, infértil y yerma, de que  hablando Castellano el horizonte de la emigración casi puede tocarse con los dedos. 

Tenemos que recuperar la autoestima, constatar que hay una enorme diferencia entre el folclore étnico de los trajes regionales y la realidad idiomática del Galego, llevar la convicción de que Galicia es única, un todo inseparable con un destino común que depende de si mismo.  En Castellano de Castilla o en Galego de nuestra Gallaecia, la realidad es que hemos llegado a un punto en el que parece que Galegos somos los que no podemos ser otra cosa. Para corregir esta situación, el idioma propio de nuestra Gallaecia Regnum juega un papel decisivo y fundamental que ni puede olvidarse, ni verse relegado a un "que lo hable quien quiera" dicho en Castellano e institucionalizado de palabra, obra u omisión.   

Como cualquier inmigrante que llega en una patera, en Galicia, el Castellano es un idioma sin papeles al que, unos Reyes genocidas, nos obligaron a conceder el permiso de residencia. Y a día de hoy la cosa no ha cambiado, el Castellano en Galicia es legal por Ley e ilegal por esencia; en otras palabras: sirve para que nos comuniquemos pero no representa ni nuestra cultura, ni nuestra historia, ni nuestros valores, ni a la Galicia intemporal, ni a esa inmensa mayoría de ciudadanos y ciudadanas de Galicia que tienen que ser por cojones castellanohablantes aunque puedan ser, si les place y no viven en los aledaños de la Torre de Hércules, galegofalantes a tiempo parcial o a jornada completa.

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