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Castellano, en Galicia es un idioma sin papeles

Teño Dereito a falar Galego (grande)

No desaparecimos, por mucho que ese fuera el deseo de algunos; estuvimos de visita oficial en la Ínsula Barataria. Allí nos encontramos con un Quijote menguado que se mesaba las blancas barbas blancas... compungido porque el cronista oficial, o sea: Cervantes, sólo le mencionaba 1.331 veces en la segunda parte de su inmortal obra,  mientras que Sancho gozaba de, exactamente, 1.489 menciones.

La Ínsula Barataria nos recordó mucho a la apática y desilusionada Gallaecia Regnum que sobrevive desde los tiempos de siempre hasta los de "agora mesmo"; esa Galicia institucional que voluntariamente renuncia a ser genuina para aferrarse a la cobarde  vocación de espejo, sin lograr ir más allá de ser la versión actualizada de ese País de Nunca Jamás que se tenían montado Peter Pan Touriño y Campanilla Quintana, y ahora perpetua Garfio Núñez Feijoo.

No hay lugar más absurdo que ese País de coña marinera y fuegos de artificio que el parido por el ingenio Cervantino, exactamente lo mismo que la Galicia de este hoy que ya no es más que pasado de lo que mañana está sucediendo. Somos, conformamos y coexistimos en un lugar -no se sabe muy bien si Reino, Nacionalidad, Región, Nación o el Corral de la Pacheca- bajo las estrellas,  del que nuestro Gato Verde -que también luce una estrella amarilla aunque sea de sheriff-  dice que resulta tan concreto como un tal vez y tan exacto como un quizás, sin que el tal vez o el quizás vayan más allá de un posiblemente. Desubicados políticamente, deslocalizados industrial y económicamente, desarmados y cautivos idiomática y culturalmente, negros de mareas negras y ceniza de incendios, casi apátridas cuando emigramos porque somos lo que no nos sentimos y nos sentimos lo que no nos dejan ser; y, lo más grave, sin mucha más esperanza que sobrevivir porque, a fin de cuentas, somos víctimas inocentes del desnorte total de una generación de políticos e intelectuales de medio pelo y estómago agradecido que, cumpliendo el cometido para el que les pagan, ni hacen ni dejan, ni saben ni permiten saber.

Como el idioma Galego hace años, esa Galicia de valores eternos que se niega a desaparecer busca cobijo y esencia allí donde aún existe; por eso está huyendo de las ciudades... refugiándose y preparándose para resistir como en su día hizo el idioma... por eso, cada vez más, hay una Galicia hablada y otra escrita, un País de esperanza que se trasmite por tradición oral y otro institucional que se escribe en las actas del Parlamento, en los Decretos de la Xunta o en cualquier sesión plenaria de las minimetrópolis de La Coruña y Vigo, por poner dos de los peores ejemplos.  

Hoy sentirse Galego o Galega ya depende del lugar de residencia. El Galego y la Galega urbanita, en su inmensa mayoría, habla castellano mentalmente y gallego normativizado cuando le conviene o no tiene más remedio, pero es lógico porque forma parte de una sociedad que depende del sexo oral radiofónico o mitinero y que folla -o es follada- cuando le manipulan la entrepierna y sin emitir el más mínimo gemido de placer mientras dice que dice que protesta. En la otra ribera, también en su inmensa mayoría, la Galega y el Galego rural -y ojo, que en Galicia y por mucho que se diga, el mundo rural agrupa a más del 60% de la población- habla en Castellano para que le entiendan, pero piensa y habla en su Galego de siempre cuando de verdad se expresa como ser humano con sentimientos e inteligencia.

(Inciso: En cuestiones de idioma, como en casi todo lo demás, la "ReGeneración Nós de nosotros" somos un mundo aparte; escribimos en Castellano lo que pensamos y sentimos en Galego por tres razones fundamentales: la primera es que nos gusta mantenernos en el ámbito de los tocapelotas frente a los ultranacionalistas de la estrellita-roja en la bandera... la segunda, que en realidad es la primera, porque no hay cosa que joda más a los ultraespañolistas que defender el idioma nacional de Galicia utilizando esa lengua tan suya que en el País de aquí nunca dejará de tener condición de extranjera... y la tercera porque, parafraseando las palabras de nuestro común amigo Xesús Manuel Suárez, "no tenemos inconveniente en hablar Castellano porque, salvo el Gato que es experto en idiomas indígenas afroahindúes, es el idioma extranjero que mejor dominamos".)

Galicia lleva décadas caminando por un alambre tendido sobre el precipicio, sin red que la proteja y con la única precaria estabilidad que aporta la paciencia de Galegas y Galegos; pero empieza a estar tan peligrosamente exhausta que vuelve a parir a sus hijos con un billete abierto hacia la deslocalización bajo el brazo y la convicción, infértil y yerma, de que  hablando Castellano el horizonte de la emigración casi puede tocarse con los dedos. 

Como en su homóloga Barataria, Sancho Panza y Don Quijote -con su idioma, leyes y costumbres, por mucho que uno actúe de Gobernador y el otro sea la metáfora del ejército de ocupación que llega e impone todo lo que imponer puede- están de paso en la Ínsula Galega; saberlo es importante porque llegará un momento en el que se vayan o les echemos. Para hacerlo tenemos que recuperar la autoestima, constatar que hay una enorme diferencia entre el folclore étnico de los trajes regionales y la realidad idiomática del Galego, sentir que nuestra economía tiene potencial para dejar de ser subsidiada y está llamada a ser un pilar dentro de la UE y, sobre todo, llevar la convicción de que Galicia es única, un todo inseparable con un destino común que depende de si mismo y no de las arroutadas de jefecillos tribales cuyo único objetivo es crear círculos vicioso de poder en la Xunta, Diputaciones y/o Concellos. 

En Castellano de Castilla o en Galego de nuestra Gallaecia, la realidad es que hemos llegado a un punto en el que parece que Galegos somos los que no podemos ser otra cosa. Para corregir esta situación, el idioma propio de nuestra Gallaecia Regnum juega un papel decisivo y fundamental que ni puede olvidarse, ni verse relegado a un "que lo hable quien quiera" dicho en Castellano e institucionalizado de palabra, obra u omisión.   

Como cualquier inmigrante que llega en una patera, en Galicia, el Castellano es un idioma sin papeles al que, unos Reyes genocidas, nos obligaron a conceder el permiso de residencia. Y a día de hoy la cosa no ha cambiado, el Castellano en Galicia es legal por Ley e ilegal por esencia; en otras palabras: sirve para que nos comuniquemos pero no representa ni nuestra cultura, ni nuestra historia, ni nuestros valores, ni a la Galicia intemporal, ni a esa inmensa mayoría de ciudadanos y ciudadanas de Galicia que tienen que ser por cojones castellanohablantes aunque puedan ser, si les place y no viven en los aledaños de la Torre de Hércules, galegofalantes a tiempo parcial o a jornada completa.

(Remake actualizado del Publicado en GaliciaBlog, a principios del 2008)