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El Yo desde el Yo, versión año 2009

ElYo (grande)

A nadie debe extrañarle que mi versión del YO deje traslucir la amistad que, desde la niñez, a mi YO me une; que sea agradable y condescendiente, comprensiva, razonablemente exculpatoria porque tampoco es cuestión de autoflagelarse en espectáculo público, desinhibida pero discreta y cómplice con las áreas afiladas del ser y existir que uno no ignora -y hasta disfruta- pero que los demás apenas llegan a adivinar y mucho menos conocer.

Objetivamente no me veo, dicho esto en el sentido más literal de la frase. Más bien tengo sobre mi mismo una mirada subjetiva no exenta de esa educada independencia antinatural que, con los años y la práctica social, consigue que el impacto exterior de la alta consideración que uno tiene de si mismo se mantenga en esos niveles razonables de "ego-mi-me-conmigo" que la sociedad acepta de buen grado.

En realidad, vengo a ser una especie de síntesis sociable de acciones y reacciones que yo mismo, impelido por  misteriosas fuerzas interiores -que unas veces tengo dominadas y otras me dominan-, me guiso y como a dos carrillos y directamente del puchero.

El YO, MI, ME, CONMIGO es el que es y coexiste pacíficamente con sus contradicciones; no le importa hacerse más preguntas de las que puede responderse ni discrepar consigo mismo en multitud de ocasiones.

Por lo dicho, y también por lo callado, me gusta definir a mi YO como parte inseparable de un "mi-mismo" cuya complejidad está llena de sencillez honrada y de sueños que, casi siempre, sueños son; dicho de otra forma y manera: mi YO es un conjunto de bienes tangibles e intangibles, derechos y obligaciones no trasmisible a terceros ni a cuartos y mucho menos a herederos o legatarios. Quizás por eso es un YO destinado a morir y extinguirse, lo cual no es poco ni mucho pero quizás sea bastante y hasta excesivo.  

Y a pesar de todo ello, mi YO es atlético y robusto. No es de extrañar, entonces, que albergue pocas dudas de que estamos ante un YO total y absolutamente PROACTIVO, incapacitado genéticamente para cualquier otra cosa que difiera de tomar la iniciativa, de asumir la responsabilidad de "hacer que las cosas sucedan" aunque ello sea muy difícil o raye en lo imposible; no tengo dudas, mi YO decide siempre y en todo momento lo que quiere hacer y cómo quiere hacerlo, sin importar las muchas cosas que pueden pasar a su alrededor porque es dueño y señor de cómo quiere reaccionar ante dichas circunstancias que él, en su infinita inconsciencia y sabiduría, considera retos asumibles o meros estímulos.

Escrito queda, con la justa modestia que procede; subrayando especialmente que mi YO, porque es y soy acción y reacción sin límites, necesita perderse periódicamente para disfrutar del placer de encontrarse de nuevo y saludar la vida con la mejor de sus sonrisas. Es hora, entonces, de que mi YO regrese a las tareas que mejor sabe hacer: desafiar lo convencional, ser inconformista, anticipar futuros escenarios de actuación, transformar cada problema en mil oportunidades, mantenerse firme en la perseverancia y tenaz en la defensa de que todo en la vida tiene su parte positiva, manifestar sus opiniones de forma asertiva y, por poner un imposible punto final provisional al infinito, gestionar eficazmente sus emociones y su actitud porque, al fin y al cabo, nadie mejor que él conoce mis fortalezas y debilidades.